De los fogones
al barro
Hago cerámica despacio, a fuego lento: cada pieza gana su forma sin prisa.

No me interesa tanto la perfección como no perder el tempo de la música del artesano.

Una vida madurada a fuego lento
He madurado entre fogones, procurando que las prisas no arruinaran mis recetas ni la manera de enseñar a otros. Tres décadas largas, con algunos maestros de juventud y mucha observación y práctica, madurando con cierta soledad autodidacta, bien acompañada a veces del silencio, tan apreciado y escaso en nuestro tiempo.
La cocina primero, y ahora la cerámica, me han dejado ver el mundo como quiero… y como me gusta que otros puedan verlo: despacio, tocándolo con las manos, haciéndolo propio.
Cada una de mis piezas es única: con sus defectos, con sus singularidades, con el roce del momento en que gana su forma o cuece su alma.

Vínculo
Presencias con las que apetece compartir el espacio; una compañía casi humana.

Imperfección
Cada defecto y cada singularidad es lo que hace única e irrepetible cada pieza.

El detalle
Una belleza amable que acompaña; está en cada detalle hecho a mano, en el gesto pequeño y cuidado.
Ojalá sonrías y pienses: «qué buen rollo, quiero una en casa».
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